ALBERTO RODRIGUEZ . Migrar no solo es cruzar territorios
Migrar no solo es cruzar territorios. Es dejar atrás todo lo que nos conforma. Es despojarse de lo que conocemos. Es desprenderse de la propia identidad.
Este proyecto fotográfico representa mi experiencia como niño migrante al cruzar la frontera ilegalmente hacia los Estados Unidos en el 2002.
Crucé de noche por Nogales, Sonora; una zona árida llena de matorrales y vigilada las 24 horas del día. Las patrullas de la migra de entonces cargaban con un reflector con el que alumbraban gran parte del terreno por donde pasaban en busca de personas que iban, como mi mamá y yo, tras el famoso “sueño americano”.
Esa luz blanca y dura del reflector en medio de la noche era una sentencia para quien fuera tocado por ella. Era una luz acusadora; delatora. La misma que durante algún punto de esa noche mientras nos quedábamos inmóviles sobre la hierba seca del desierto, me bañó de blanquitud, para luego, incomprensiblemente, seguirse de largo.
En este proyecto exploro las posibles respuestas a lo que todavía representa esa luz, la forma en que atravesó mi vida y la forma en cómo se representa después de 23 años.
















Desde que era niño la luz lo ha marcado en su vida.
